La gran civilización Mesopotamia

El deseo de comprender las civilizaciones es una preocupación reciente. El término «civilización» no aparece en el diccionario de la Real Academia Española hasta el año 1817.

Las civilizaciones están asociadas a la escritura, a su poder mágico y práctico. Exploraremos en primer lugar Mesopotamia, el «país entre dos ríos».

Mesopotamia:

El nombre proviene de origen griego que significa «país entre dos ríos», o Sumeria para sus habitantes, se extiende entre el Tigris y el Éufrates, en el territorio que actualmente ocupa Iraq. Su población, establecida unos 6000 años atrás, acoge a los sumerios, cuyo origen se desconoce, en el año 3300 a.c., que se instalan en el sur. Establecen ciudades-Estado (Uruk, Eridu, Kish) dominadas por una casta de reyes-sacerdotes que gobiernan desde el gran templo, situado sobre una terraza elevada en el centro de la ciudad. A causa de las necesidades administrativas del templo, como contabilizar las ofrendas o saber de dónde proceden, inventan la escritura hacia el año 3300 a.c.

La religión mesopotámica:

La religión ya está plenamente difinida en Sumeria a partir del tercer milenio antes de Cristo. Ha llegado a nuestro conocimiento a través de la arqueología y los textos cuneiformes. Cada ciudad mesopotámica posee su propio dios, pues cada ciudad constituye un Estado. Los dioses principales van acompañados de dioses secundarios.

Podemos deducir las principales características de la religión mesopotámica:

– El politeísmo. Un dios para cada ciudad, que reina con su esposa e hijos. En la III dinastia de Ur, las ciudades de Umma y Nippur cuentan con 638 nombres diferentes de divinidades.

– El antropomorfismo de las divinidades. Este antropomorfismo les da forma humana, y como humanos actúan. No obstante, las divinidades son inmortales, mientras que el héroe Gilgamesh jamás alcanzará la inmortalidad, a pesar de sus ardides, pues la serpiente le arrebata la planta de la vida eterna.

– La atribución a cada dios de un número. Al dios supremo Anu le corresponde el número 60, considerado un número perfecto al pertenecer al sistema sexagesimal y decimal, que los mesopotámicos empleaban en paralelo.

Aunque cada ciudad honra a su dios local, se rinde culto a tres grandes dioses en todo el territorio.

 

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