¿Cuándo surgió la leyenda del unicornio?

¿Cuándo surgió la leyenda del unicornio?

Los antiguos pueblos del Mediterráneo creían en la existencia del unicornio, mítico animal al que se atribuía la forma de caballo provisto de un largo cuerno en la frente. Dicha creencia parecieron confirmarla los primeros visitantes de los mares septentrionales, que a la vuelta de sus viajes habían traído unos extraños “cuernos” de forma espiral hallados sobre las playas de las misteriosos países del norte. Sin embargo, nadie había conseguido ver jamás a un ejemplar de ese animal mítico.

La leyenda del unicornio incrementó la fantasía de los hombres hasta finales de la Edad Media, y hubo quien llegó al extremo de querer reconstruir el legendario animal utilizando el esqueleto de un cuadrúpedo y fijando a su cráneo uno de aquellos famosos cuernos en espiral procedentes de las tierras del Norte.

Pero con el desarrollo de los estudios científicos basados en la observación atenta de la naturaleza, estos comentarios de charlatán quedaron al descubierto. Cuando, en el año 1655, algunos mamíferos consiguieron pescar en el océano un narval y trajeron a Europa su esqueleto, se comprendió que los largos “cuernos” encontrados por los antiguos viajeros pertenecían a este cetáceo, y no al Unicornio. En consecuencia, el narval posee un diente muy desarrollado y de forma retorcida, que surge horizontalmente de su boca.

Es así que lo encontrado en las playas no habían sido cuernos, sino dientes de narvales muertos y empujados a la orilla por las corrientes marinas.

Unicornio

¿Cuándo eran las ballenas unos monstruos terribles?

Actualmente, la mayoría de personas sabe que la ballena no es un pez, sino un mamífero. Sin embargo, hasta mediados del siglo XVI los científicos la consideraban un pez de gran tamaño, y los conocimientos acerca de este animal eran tan vacíos que habían dado lugar a leyendas extrañas.

En realidad, las dimensiones de las ballenas son excepcionales, pero no como las describían los antiguos. La especie boreal alcanza como máximo los 21 metros de longitud, un tercio de los cuales es cabeza. Su boca es auténticamente enorme, pues mide hasta 6 metros de longitud y 3 de anchura. Para alimentarse, la ballena sorbe un gran bocado de agua de mar y, con las mandíbulas cerradas y utilizando la lenga como émbolo, la expulsa en su totalidad a través de los fanones (láminas córneas desflecadas que ocupan el lugar de los dientes). En la boca del cetáceo quedan así atrapados pececillos, gambas y, sobre todo, plancton. La ballena gris del norte del Océano Pacífico puede alcanzar los 15 metros de longitud. La ballena rostrada es la más pequeña de su familia: en efecto, alcanza como máximo 9 metros de longitud. La ballena hembra suele alumbrar un solo “retoño” de aproximadamente 7 metros. La pesca de la ballena boreal por parte de los europeos comenzó al escasear otras especies de ballenas, que frecuentaban mares más cercanos a nosotros, por causa de las destrucciones abusivas. Los esquimales y los pieles rojas conseguían capturar desde tiempo inmemorial algunos ejemplares de este cetáceo, utilizando una técnica muy atrevida: se acercaban al animal a bordo de frágiles canoas, se encaramaban a su cabeza e introducían con fuerza dos palos en sus orificios nasales, provocándoles así la muerte por asfixia.

Los barcos balleneros son muy posteriores. Se trataba de embarcaciones de 200-300 toneladas, velas cuadradas, cubierta llana, barco mayor ancho y espaciosas bodegas, en las que se almacenaban hasta 2.400 barriles de aceite. Se reconocían desde lejos por las manchas de sus velas, producidas por los hornos de ladrillos en los que se hervía la grasa para obtención de aceite. Era indispensable disponer de espacio para cortar las ballenas, de ahí que la habitual toldilla de proa se hallara situada en la popa. Los balleneros, a diferencia del pesado tipo de embarcaciones al que pertenecían, eran buques muy ágiles, construidos en madera de cedro y tan ligeros que bastaban dos hombres para levantarlos, y cinco remeros para alcanzar los diez nudos.

¿Cuándo comenzaron a clasificarse los animales?

Los primeros estudiosos que se dedicaron a la descripción de los animales que habitaban la Tierra, experimentaron la necesidad de agruparlos sobre la base de ciertas características comunes, para ordenar así los vastos conocimientos que habían acumulado. Aristóteles inventó un original sistema clasificación, según el cual los animales se dividían en dos grupos fundamentales: los dotados de sangre y los que carecían de ella. Hoy sabemos que todos los animales poseen sangre, aunque no siempre sea esta de color rojo. Pero en tiempos de Aristóteles los conocimientos acerca de los animales se basaban en los aspectos más evidentes. Por otra parte, durante más de 2.000 años los estudiosos que le sucedieron siguieron clasificando a los animales de la misma manera. Solo a partir del siglo XVIII con el desarrollo de los estudios anatómicos, empezó a conocerse mejor a los animales, incluso en lo que se refiere a su estructura interna. Ray y Cuvier idearon clasificaciones nuevas, que la ciencia moderna implementó como punto de inicio para perfeccionarlos posteriormente. Dese mediados del siglo XVIII, todas las clasificaciones se basan en el sistema de nomenclatura binomial establecido por Linneo: en nombre científico de cada animal está siempre integrado por dos partes, indicando la primera el género y la segunda, la especie.

 

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